miércoles, 11 de abril de 2007

Aquél Birrete



Cerrar los distintos ciclos de la vida es un tema desatendido por el ser humano, pero no por eso de menor importancia. Sobre todo cuando se trata de hacerlo de buena manera. Es por eso que todos quieren tenerme, anhelan mi compañía, se esfuerzan muchos años por alcanzarme y no todos lo logran. Se me ve como poca cosa, pero no entienden que mi significado es lo importante. Existen algunos que se perdieron en el camino, otros en cambio ni siquiera me han pensado, porque la razón no los ha iluminado y por tanto la fe no existe para ellos.

Pero porque tenías que ser tú quien estuviera conmigo el día más importante. Sabía que era mi fin y todo se aguó al verte. Con esa cara de “mosquita muerta” que no soporto, con la sonrisa más cínica y pérfida que jamás antes vi. Siempre con ese sentimiento de competitividad que le “mata” el alma a las personas. Tu obsesión por lograr todo más rápido que el resto, ser mejor que todos los que te rodeaban, te llevó a convertirte en una compulsiva.

Fue así como te enfermaste y se te pasó la mano. La rabia la botaste en la comida; única salida que encontraste. Perdiste el centro y caíste en la bulimia y anorexia. Vomitabas todos los días, engañaste a todos aquellos que aún te quieren y eso demuestra que tienes un podrido corazón que no cede ante ninguna situación; ni con aquellos que creen conocerte. Te veías todos los días al espejo y cada uno de ellos te encontrabas más gorda, pero en realidad comías mucho menos. Llegando a niveles en que se te cayó el pelo por falta de vitaminas y alimentación básica.

Si tuviste algún problema preferiste escapar y si es que ibas a enamorarte claramente la opción fue la misma. Siempre has querido controlarlo todo, pero lamento ser yo quien te diga: no siempre va a poder ser así. Ahhh! Se me olvidaba refregarte en la cara que incluso te convertiste en evangélica para borrar tu pasado de prostituta, ya que te acostabas por diversión con gente que si te tenía en cuenta. Jugaste con todos ellos, pero por ningún motivo vayas a creer que esa maldad no se devuelve.

Ahora estás gorda para esconder esa pena oscura, con la mirada perdida. Porque nunca recuperaste el centro. Ni Dios ni nadie te ha podido dar un poco de bondad perrita herida. Y hoy que estás más loca que nunca te gradúas de Ingeniera Comercial. Un gran logro para aquellos que no saben como lo obtuviste. Pero soy yo el que debe aguantar esa asquerosa peluca con olor repugnante que te has puesto para que nadie sospeche de tu padecimiento.

Soy yo el birrete que lanzarás por el aire con esa cara de felicidad el día de tu graduación. Todos creen en ti, pero yo no. Tu angustia se siente y tus horribles mentiras también. Hasta nunca raro esqueleto insomne.

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