
Un Castigo Innecesario
El sentía que llegaría en algún momento. Llámese intiuición, premonición o como ustedes quieran, pero algo que iba a cambiar su destino se aproximaba a pasos agigantados. Se quedó observando el panorama que lo rodeaba por largos 40 minutos. Esperaba nada más a que el suceso desencadenara en el caos que presentía. Estuvo de pie, sentado, acostado, incado y de rodillas rezando para que no fuera tan malo, porque tenía el pecho apretado de tanta angustia. No son tiempos fáciles, ni las personas tampoco, el lugar no era seguro y quería marcharse pronto de ese recondito lugar en el que había caído por desgracia. De pronto, comenzó a respirar algo extraño en el aire y cuando miró para el lado estaba un indio Sioux fumando un tremendo “troncho”, “fazo”, “Bob Marley” o más conocido como un gran “pito de marihuana”. Esa gran “tranquilidad duró muy pocos segundos, porque de pronto empezó a moverse el piso, la tierra parecía que fuera a abrirse y la gente con gran locura, como en los tiempos biblicos de Moises en Egipto cuando uno de los castigos en forma de plagas fue justamente el ataque de las langostas, empezó a caer del cielo, aparecían entre medio del alcantarillado y el no sabía como cubrirse de esta maldición que le tocaba vivir sin ser él “El Salvador”. Hasta que llegó el momento en que apareció ese castigo innecesario. Aún cuando ya no hacía falta más dolor ni sufrimiento, mezclándose con el pavimento, se dejó ver ese maldito y temido “Troncal” que los llevaría a todos a la aniquilación y decadencia de la movilización.