viernes, 29 de junio de 2007

Ver y Sentir

Por primera vez entro a una exposición y decido pagar voluntariamente. Sin saber que esperar de ella, tan sólo entré queriendo ver fotografías llenas de expresión. Y fue justo con lo que me encontré. Sus caras llenas de sentimientos, ojos que transmitían todo y algunos que habían dejado de hacerlo. Confusión y dicotomía llenaban mi alma y corazón.
Ningún cuadro era banal, sino por el contrario, todos trascendían, ya sea por sus formas, cuadros, sorpresa, precisión… que se yo. No se si es que andaba triste, sensible o melancólico, porque hace tres semanas terminé con mi novia llamada Karin, conocida por muchos como “Kay”. Pero lo único que vi fueron imágenes que no dejaban de sorprenderme, una más que la anterior y no precisamente por su belleza o por lo artísticas que eran.
Transmitían dolor, desgaste, resistencia, agresividad, putrefacción y preocupación. Me hicieron pensar en que todo lo que yo estaba viendo era pura basura, en la mierda en que este mundo se ha transformado. Gente muriendo, abandonada, transportada de un lugar a otro… finalmente desechada. Tratados peor que animales, ya que estos últimos reciben mejor cuidado que cientos de personas que transitan moribundas por rincones recónditos e inimaginables de este “mundo”.
Está clarísimo que la curadora holandesa, Emily Kerckhoff, a cargo del montaje, logró su cometido, provocar algo en mí. No sé aún como definirlo, pero de que lo consiguió… lo consiguió. Arrancó de mí algo muy profundo que tenía guardado, de lo que no había querido hacer una introspección, pero vino a aparecer en el momento menos pensado, un instante que no esperaba en absoluto.
Caminaba por el ala norte del segundo piso del Centro Cultural de Las Condes, cuando vi aquella imagen con la cual quedé estupefacto e inmóvil. Es la única foto que logró hacerme viajar por un momento a esa ya casi olvidada melancolía, parte de mi sentimentalismo que no suelo revelar. Esta imagen ganó el primer premio de retratos fotográficos individuales y es de Nina Berman, proveniente de Estados Unidos. En esta, aparece una pareja estadounidense, el infante de marina Ty Ziegel y su novia Renee Kline el día de su matrimonio.
Sin embargo el amor que refleja la imagen es de tal proporción que hizo a mi alma llorar. Ellos se habían comprometido antes de que el partiera destinado a Irak. Pero al volver, tenía el rostro totalmente desfigurado, ya que se había quemado casi por completo por estar en el lugar no indicado a la hora menos conveniente. Un carro bomba explotó a pocos pasos de sus pies. Esto hizo que aquél hombre perdiera un ojo, parte de sus orejas y mucho más que eso…. Pero no perdió la vida ni lo más relevante de su existencia, el amor de su vida, que en este caso es lo que me importa e impactó.
Un retrato realmente desgarrador, pero a la vez lleno de amor, paradoja que se presenta en los cuentos de hadas como “La Bella y La Bestia” o “Shrek”, donde la hermosa dama se enamora de ese personaje horrible y temido por muchos. En la primera película, al final de la historia la bestia se termina transformando en un príncipe muy apuesto cuando es besado por esa preciosa mujer. Y en la segunda, es Fiona, la bella princesa, quien se convierte en una ogro mujer y finaliza casándose con el mosntruo. Pero en este caso no hay cambios, porque el infante Ty quedó así para siempre. Lo anterior me hizo realizar que aún existen corazones profundos, que ven el interior, el alma del otro, donde los ojos reflejan nuestros sentimientos.
Pero aún así termine de ver la exposición con sensación de ahogo, el pecho apretado y sintiendo que… me duele el mundo que estalla en un grito. Que me lastima la vida. Que me duele tanto dolor. Que me molesta el engaño. Que me irrita tanta pobreza de la que nadie se hace cargo. Y es por eso que hoy llora mi alma por tanto desamor.

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